Arcillas y esmaltes nacidos del litoral
Recolectar arcilla local implica conocer vetas, separar impurezas y observar cómo responde al secado marino. Los esmaltes, a veces alimentados por cenizas vegetales, logran verdes marinos, grises tormenta y blancos espumosos. Las pruebas fallidas enseñan más que los aciertos, y cada horno se convierte en laboratorio. Los alfareros costeros dominan cocciones que imitan mareas: suben, bajan, estabilizan. Así aparecen superficies con microcristales, tactos salinos y brillos que recuerdan la línea exacta donde el cielo roza el agua.